Fuente: www.cavallomagazine.it
En Haití, un país devastado por el terremoto de 2010, las crisis políticcas y sociales y los huracanes, la caballos han ayudado a salvar a los niños en peligro. Dándoles la oportunidad de aprender a cuidar a otro ser vivo; haciéndoles experimentar físicamente la cercanía, la sensibilidad y la fuerza de una criatura que en el fondo siempre parece surgida de un cuento de hadas.
Al sacarlos durante unas horas cada día del entorno degradado de los vastos barrios marginales que rodean Puerto Príncipe, capital de Haití. Una ciudad que se cree tiene más de 2.000.000 de habitantes pero en realidad ni siquiera se conoce el número exacto.
Pues bien, en ese ambiente donde el crimen y las pandillas devoran a los chavos, hay alguien que no se deja abrumar por una desesperación que ya ni siquiera tiene números para medirla y se hace cargo al menos de algunos de ellos.
Y esto solo es quizás un suspiro de alivio: identificar a individuos cuyos males conspiran para hacerlos invisibles, ahogados en un mar de personas obligadas a no tener siquiera una identidad reconocida.
Este centro ecuestre acoge a niños que vienen de barrios marginales y les enseña a cuidando un caballo y ensamblarlo.
Mostrándoles que puede haber más que violencia, degradación irreversible y falta de sueños y esperanzas.
Cada uno con lo suyo tapa, acostumbrándolos a buscar incluso el autocuidado formal, lo que supone el primer paso para revertir la tendencia y mejorar sus condiciones de vida.
Porque cuando cuidas un caballo, y luego subirse a la silla y aprendes a entenderlo realmente subes más alto, cada vez.
